L LA CARTA
Querida Irene:
Ayer recibí tu ansiada carta y me apresuro a decirte lo feliz que me siento hoy.
Hace ya treinta y siete días de nuestra odiosa discusion. Al segundo día de ella, ¿ recuerdas? Te envié mi primera carta pidiéndote perdon, a pesar de que en el fondo pensaba que yo tenía razón, y te invitaba a reanudar nuestra amorosa relacion, para lo cual, te suplicaba una pronta respuesta.
La espera ha sido un proceso largo y tortuoso. Desde el quinto dia del infausto suceso, he salido puntualmente al portal a la hora del reparto y he preguntado a la funcionaria de correos por tu epístola. Los primeros días, viendo mi compungido rostro, me respondia con un sentido “no”, pero
ya en los siguientes, ante mi tenaz insistencia, el “no” se producía entre una abierta sonrisa e incluso, alguna risa, ¡qué puta! Si, era el hazmereir de mas de cuatro.
Ni que decir tiene que las tardes y las noches eran para mi un auténtico calvario. Maldecía mi suerte, me invadía la tristeza, apenas salía de casa y me aisle del mundo, y sí, debo reconocerlo, he vuelto a fumar. Perdoname. Sin embargo, con los primeros albores de la mañana me despertaba, lleno de ilusion me acicalaba y asi, como un”pincel”, esperaba la hora del reparto postal (los minutos me parecian horas).
A pesar de mis tres misivas posteriores, intimando tu respuesta, tu mutismo persistia, por lo cual yo fui poco a poco perdiendo la esperanza, así que a partir del decimoquinto dia, mas o menos, mi tensión fue decreciendo y ante las constantes negativas, yo tambien comence a sonreir y, encogiendo los hombros, decia: ¡ mañana sera !
Pero ayer¡ por fin ayer ! Vi que la cartera venía risueña, con una carta en la mano, que esgrimía al aire como si fuera un florete. Sin duda, era la tuya. De pronto, ¡se abrio el Cielo! Mi alegría era inmensa como un oceano. Ella me entrego la tan esperada carta y yo, sin mirarla, la rompí en mil pedacitos. Me había dado cuenta en aquel instante que, con el correr de los días, esperaba a la cartera y no a la carta. Sí, me había enamorado de ella como un colegial.
Por eso, hasta nunca Irene.
Saludos
Luis
PD/ Por favor, da de mi parte las gracias a tu orgullo, sin el cual esto, que por primera vez siento,

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