jueves, 5 de mayo de 2011



                                                    SOFÁ, PELI Y . . . . MANTITA


Aunque pasen los años, muchos años. ¡Hasta que la memoria aguante! Y mientras aguante
recordaré aquellos días de Cierzo racheado como cuchillos de hielo, que dejaba las calles sin un alma y aceleraba los contadores del gas en las casas.
Remoloneábamos en la cama invadidos por un sopor perezoso acompasado por el silbido del viento. En pijama y zapatillas, o quizás con algún chandal viejo, iba poco a poco cogiendo el tono limpiando el polvo o pasando el aspirador.

Y después de comer, con la pequeña manta debajo del brazo, buscaba ese sofá tan mío que parece que me lo hubieran hecho a medida. Allí me acurrucaba en su regazo mientras el león de la metro rugía, no sé si para anunciar la película o de envidia, pero rugía. Con los primeros fotogramas, de mis manos salían unas caricias espontaneas, descerebradas, de las que sólo me daba cuenta cuando recibía, a modo de correspondencia, algún beso de sus labios sin maquillaje.
Cuando los dos habíamos encontrado “la postura” ( cien veces hallada y cien veces perdida a lo largo de la tarde ), su escote llamaba a mis dedos, que siempre inquietos, comenzaban a explorar sus senos, su espalda, sus brazos... entre esas “protestas” que más parecen ánimos.

Mis ojos se repartían entre la “ peli “ y su cuerpo. Mi mente buscaba ese comentario, esa frase ingeniosa que provocaba su risa fácil. Esa que me entraba por los oídos, me “calaba” los huesos y me llenaba de alegría.

Entre silencios cómplices, de mi boca salían esas dos palabras maravillosas que se dicen bajito y con la piel de gallina y el que las recibe las oye siempre, le ponen brillo en los ojos y contesta con un “y yo a ti” regalándote un beso prolongado, tierno y apasionado a la vez. De esos de ojos cerrados que llaman a voces al instinto y terminan con un cruce de miradas y una sonrisa.

La manta cumplía su destino, que no era otro que terminar en el suelo o hecha un ovillo en un rincón del sofá. La “ peli “, las más de las veces perdía el hilo y no me enteraba, pero cuantas veces
esas tardes pensaba: ” no me cambiaría por nadie; no estaría mejor en ningún sitio del mundo ” .Cuando yo pienso eso es para mí estar en la cima de la felicidad.

Hoy ha sido también uno de esos días, pero como ahora ya no tengo pareja, no ha habido caricias, ni besos, ni las dos palabras mágicas. Así que al poco de comenzar la “ peli “ me he dormido un par de horas. La manta sigue cubriéndome y sigo en la base de la montaña de la felicidad. Tengo frío.

Aunque pasen los años, muchos años. ¡¡ Hasta que la memoria aguante...

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