POR QUÉ NO HAY HOMBRES?
(1) PORQUE SE LOS COMEN LAS MUJERES CUANDO SON NIÑOS
Uno, que yá lleva unas cuántas batallas a sus espaldas a estas
alturas, echa reiteradamente y cada vez más en falta a los hombres. De
éso mismo se quejan a su vez y también reiteradamente, las mujeres.
Personalmente, cada vez que doy con uno en mis correrías por lo largo
y ancho de este mundo, saco mi Polaroid vintage y lo inmortalizo. Ni
qué decir tiene que la pobre cámara descansa bajo una más que notable
capa de polvo que ciertamente le dá solera al tiempo que confirma la
gravedad del problema.
(1) PORQUE SE LOS COMEN LAS MUJERES CUANDO SON NIÑOS
Uno, que yá lleva unas cuántas batallas a sus espaldas a estas
alturas, echa reiteradamente y cada vez más en falta a los hombres. De
éso mismo se quejan a su vez y también reiteradamente, las mujeres.
Personalmente, cada vez que doy con uno en mis correrías por lo largo
y ancho de este mundo, saco mi Polaroid vintage y lo inmortalizo. Ni
qué decir tiene que la pobre cámara descansa bajo una más que notable
capa de polvo que ciertamente le dá solera al tiempo que confirma la
gravedad del problema.
Definitivamente, no hay hombres!!
La primera de las razones que yó vislumbro es que éstos, los hombres,
son sistemática e implacablemente devorados por las mujeres y, muy
especiálmente y en primer lugar, por sus madres, cuando son alevines.
Es cuando más tiernos están!! Lo hacen, por supuesto sin asomo de
consciencia. Se los comen (si acaso no se los han desayunado
anteriormente) o se los cenan. Esto, en la hipótesis más optimista,
porque lo más habitual es que se los desayunen, coman y cenen, e
incluso piquen un poquito entre horas, cosa que es sabido que facilita
la digestión y posterior asimilación de lo ingerido.
La primera de las razones que yó vislumbro es que éstos, los hombres,
son sistemática e implacablemente devorados por las mujeres y, muy
especiálmente y en primer lugar, por sus madres, cuando son alevines.
Es cuando más tiernos están!! Lo hacen, por supuesto sin asomo de
consciencia. Se los comen (si acaso no se los han desayunado
anteriormente) o se los cenan. Esto, en la hipótesis más optimista,
porque lo más habitual es que se los desayunen, coman y cenen, e
incluso piquen un poquito entre horas, cosa que es sabido que facilita
la digestión y posterior asimilación de lo ingerido.
Todo ello obedece a imperativos de órden biológico y social, y ocurre
especialmente con los niños, si bién mucho de lo que se dice es
igualmente aplicable a las niñas. De hecho, todo lo que se comenta en
este primer capítulo es perfectamente aplicable al caso tanto de unos
como de otras, si bién no estará de más decir que la mirada de la
madre adquiere connotaciones propias y distintivas en el caso de SU
hombrecito.
Qué tendrán los niños que tan del gusto de sus madres resulta y que
les lleva a zamparse de un golpe todos esos hombrecitos que luego
ellas como sus hijas echarán en falta. ¿Por qué ha de ser el jersey
esa prenda que se pone al niño cuando la madre tiene frío? ¿Por qué el
objetivo no es tanto alimentar al niño cuanto vaciar el vol o el
plato? ¿Por qué es tan extraordinario el espectáculo de ver a un niño
comer con hambre, salvo en los telediarios?
En este órden de cosas, ¿quién no ha visto el espectáculo de ver a una
madre (ahora los padres lo hacen igual de bién!) compitiendo en la
modalidad de persecución trás niño con yogur y cucharilla en mano? No
me digaís que no es bonito! No créo que se tarde en organizar
competición. Se comenzará por perseguirlos con la comida, luego con
los libros y después con todo lo demás. ¿Qué mayor muestra de amor
cabe?
Luego está la modalidad del acecho con persuasión y engaño. En este
caso, se busca afanosamente el descuído del infante o una hábil
maniobra de distracción para colarle la cucharilla colmada de puré en
el boca entreabierta, en un escorzo que en nada envidia los que
ejecuta el albañil cuando reboca las grietas y comisuras de un muro.
De echo, si os fijaís, el gesto que se dibuja en la cara del adulto
ejecutor es el mismo que pone el albañil cuando busca la mejor
postura para que el mortero se cuele en la grieta. Colada la paletada
de puré, sólo queda evitar que ésta retroceda y rematar todo ello con
un hábil rebañado de los restos. Voilá!! Ni qué decir tiene que el
gesto del niño se asemeja también bastante a la del hueco a rebocar.
Qué remedio le queda si es que el niño tiende a situarse donde sus
padres lo esperan, porque son lo que más necesita y le urge.
La cosa, en todo caso, es que nunca el niño sienta hambre y pida o
busque la comida. La cosa es que desde el primer momento se le
descubra que el comer, como luego el aprender, son cosas, como muchas
otras que se irán sumando, que ha de hacer para los demás. Para sus
papás. especialmente!! Nadie se sorprenderá por tanto cuando más tarde
se oíga a alguna madre desesperada, quejándose amargamente.
" Es que mi hijo no me come " " Es que no me estudia " Literalmente, se
ha empachado y clama por su lugar en el mundo !!
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